Cómo Francia apoya la francofonía y la democracia en África

La experiencia francesa en África comprueba que el desarrollo es resultado de un empeño consciente, de un compromiso nacional que involucre a los sectores que pueden aportar el esfuerzo requerido.

6 abril, 2018

Cómo cuidar una región o grupo de países con los que se tienen lazos geográficos, históricos o de la naturaleza que sean es uno de los grandes logros de Francia con sus antiguas colonias, a las que en cierta forma tutela, protege y ayuda para contribuir a su desarrollo y en el proceso mantener una influencia cultural, de idioma y política de gran importancia.

Las naciones que constituyen la región francófona de África se cuentan entre las más prósperas, las más tranquilas y las que tienen mejores perspectivas de superar el subdesarrollo que es endémico en África. Y de gran importancia es que eso está contribuyendo a hacer del francés uno de los tres idiomas que más se hablarán en el futuro.

Francia hace una permanente apuesta política, económica y militar con los países francófonos, lo que se centra en garantizar la paz interna, la democracia y las posibilidades de desarrollo.

Al darse una crisis, los franceses envían a la región tropa plenamente equipada con artillería, carros de combate, helicópteros que entran en acción hasta donde es necesario para restablecer el orden. Y una vez logrado esto, se retiran.

Por su parte, los gobiernos de esas naciones instan a sus pobladores a quedarse en ellos, a contribuir al crecimiento, a sostener y perfeccionar sus instituciones y a mejorar la vida de todos, en vez de intentar irse a Europa para terminar vendiendo droga o en labores muy modestas y precarias.

Desarrollar la cultura, el “arte de vivir”, el refinamiento es lo que los franceses habían logrado en Vietnam y la Indochina, lo que se derrumbó cuando Occidente no les dio el apoyo al ser atacadas esas naciones (Vietnam, Camboya, Laos), lo que condujo a toda la tragedia que muchos recuerdan o que condujo a la Guerra de Vietnam, la caída del país en el comunismo, las terribles historias de las cárceles vietnamitas, lo de “Hanoi Jane”. (Jane Fonda del lado de los comunistas, el heroísmo del ahora senador republicano McCain y cómo, de la noche a la mañana, tanto Vietnam como todos esos países de la región, se convirtieron al capitalismo y, con ello, a la libertad.

El ejemplo puede servir para 
una iniciativa hemisférica

Quien esto escribe pasó un día en Vietnam en esos años, caminó a Camboya para visitar las ruinas de Angkor y recuerda el ambiente “parisino” de su capital, Saigón, de sus elegantes, muy refinadas damas, los toques franceses de sus calles…

En el hotel manejado por un francés de Angkor, agradable hotel, tenían como un “perk” para sus huéspedes, un paseo en elefante, un manso elefante que recorría la pista con suavidad. Y todo eso se derrumbó cuando los jemeres rojos, una secta comunista extrema, arrasó con la Indochina y causó un genocidio de varios millones de personas.

La experiencia francesa en África comprueba que el desarrollo es resultado de un empeño consciente, de un compromiso nacional que involucre a los sectores que pueden aportar el esfuerzo requerido. Es lo que pueden proponerse los Estados Unidos, el hermano mayor, con sus vecinos del Sur, pues nadie gana con regímenes como el castrista o la narcodictadura venezolana.

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