Francés exporta servicios informáticos a Europa con talento salvadoreño

Ha exportado unos $1.5 millones en apps y software a Europa. Su filosofía de trabajo es: no hay que esperar a que el talento llegue, hay que ir a buscarlo.

 

Por Karen Molina
Oct 22, 2017- 07:54

Más de 20 salvadoreños, que viven en zonas de riesgo o lejos de San Salvador, son los creadores de software y apps que ya se están vendiendo en Europa, de la mano de Roland Despinoy, un joven francés que vino al país hace 11 años para buscar talento tecnológico.

 

En su natal Marsella, Despinoy siempre creyó que las mejores cosas en la vida no llegan fácil, así que comenzó a concretar una idea que había estado en su cabeza desde hace mucho tiempo, cuando comenzó a estudiar informática: llevar el desarrollo a países donde hay talento.

“Siempre quise emprender, pero sabía que quería hacer algo diferente”, dijo el joven empresario, fundador de la empresa Central American Software Services (CASS), una compañía de tecnología que ya exportó más de $1.5 millones en software y apps mayoritariamente a Europa y que han sido desarrollados por talento salvadoreño.

¿Pero cómo decidió un francés, con todas las oportunidades a su disposición, trasladarse a El Salvador y establecer una empresa?

Todo comenzó con un fotorreportaje sobre las pandillas en El Salvador que vio el mismo día en que también supo la historia de tres franceses que se fueron a Afganistán después de la guerra y montaron una empresa con la que les ha ido muy bien.

Desde ahí supo que tenía que buscar el talento fuera de sus fronteras y retarse a construir un proyecto que, aunque fuera difícil al inicio, resultara provechoso en el largo plazo.

“Yo estoy convencido de que, al igual que los griegos en Esparta, la verdadera experiencia no hay mejor manera de aprender que en la dificultad”, asegura Despinoy.

“Yo aprendí informática muy joven y tenía un nivel muy grande en programación, pero sabía que tenía que aprender todo del negocio y no podía ser así de fácil. Yo quería aprender”, agregó.

Además, estando en París, Despinoy se dio cuenta que la mayoría de las empresas de informática estaban en esa ciudad a pesar de que el talento estaba en otras ciudades.

“Todo está centralizado en Estados Unidos y en Europa, pero la forma de trabajar debe cambiar en el mundo porque la promesa de internet es que se pueda descentralizar el trabajo. Además, los talentos no tienen fronteras. Estaba convencido de que hay muchas personas con dificultad de insertarse. “Hay que buscar esos talentos y saber aprovecharlos”.

Si un joven quiere innovar no tiene que hacer lo que hizo Sillicon Valley o Bill Gates. Hay que hacer algo nuevo y ¿quién ha ido a un país con un gran desafío como El Salvador a hacer negocios de informática? ¡Nadie!”, afirma el empresario.

En El Salvador

Decidido a emprender en El Salvador, Roland viajó al país en 2006 y estuvo un mes como turista. “Me encantó el país y sabía que había potencial para mi empresa”, dijo.

Las condiciones eran muy favorables así que para 2008, comenzó su empresa.

Sin ningún apoyo local, la empresa comenzó a generar software para ofrecerlo, sobre todo, a clientes que estaban en Francia y a los que le ofrecen productos a la medida, que van desde aplicaciones hasta software bien especializados, que les ayudan en sus empresas.

Actualmente, hay unos 20 jóvenes salvadoreños con los que produce todo tipo de productos informáticos.

A la fecha, su empresa ya exportó más de $1.5 millones en productos informáticos, sobre todo a Europa.

Despinoy no entiende cómo es que, estando El Salvador tan cerca de Estados Unidos, no explote ese potencial de servicios para ese país. Por esa misma razón es que le colocó un nombre en inglés a la compañía, para así lograr conquistar ese mercado o al menos lograr una parte de su enorme pastel.

Y comenzó a trabajar sin discriminación, solo buscando el talento de los salvadoreños. “Le damos la oportunidad a todos. Lo que importa es el talento”, dijo.

Así como ocurría en Marsella y en París, también se dio cuenta de que lo mismo pasaba en El Salvador. Todo el talento está concentrado en San Salvador, mientras que muchos jóvenes en otros departamentos quedan fuera de estas oportunidades.

Así nació su sello “Fair Programming”, un concepto bajo el cual se pretende crear un estándar con el que cada empresa de tecnología contrate al menos un 30 % de su talento fuera de San Salvador.

Actualmente, CASS está liderando un programa con ayuda de USAID y Cruz Roja, para establecer los Centros de Desarrollo de Software (CDS) en municipios como Ciudad Delgado y Soyapango, en los que hay jóvenes en zonas de riesgo que quieren insertarse en este tipo de actividades, pero no pueden.

Ahí se aplica el dicho de que si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma.

Busca talento en Apopa y Ciudad Delgado

El Salvador será el primer país que aplique el sello Fair Programming (Programación justa) en el desarrollo de apps y software para exportar a todo el mundo.

Según Despinoy, en estos momentos hay un plan piloto que está involucrando a jóvenes que viven en zonas de riesgo, como en Apopa, Soyapango y Ciudad Delgado. La idea es capacitarlos en conocimientos tecnológicos y potenciar su desarrollo tecnológico para que pronto desarrollen productos exportables a todo el mundo.

“Estamos comenzando la programación en zonas conflictivas como Ciudad Delgado y Ahuachapán”, señaló. En algunas zonas tienen que acompañarse de instituciones como la Cruz Roja para acercarse más a la comunidad.

La Agencia de Cooperación de Estados Unidos (USAID) otorgó unos $3.8 millones a la Universidad de Oriente (Univo), la Universidad Salvadoreña Alberto Masferrer (USAM) y la Fundación Kriete, para que comiencen a formar a estos jóvenes que, en muchos casos, provienen de zonas asediadas por las pandillas.

Se hace a través de los Centros de Desarrollo de Software (CDS) con los que se llega a las comunidades para capacitar a los jóvenes e involucrarlos de lleno en las actividades informáticas.

El objetivo de Despinoy es que este plan de Fair Programming se extienda cada vez más en otros municipios y departamentos del país y así involucrar a más jóvenes en esta actividad, que podría mejorar las condiciones de vida de muchas personas.

“Los jóvenes necesitan esperanza, un rumbo y valores morales y eso se refuerza cuando se sienten involucrados en proyectos como estos. Ahí se puede dar un aporte al combate a la violencia”, dijo el empresario, quien cree que parte de la violencia en el país tiene que ver con la falta de inclusión, de no pertenecer a algo concreto.

Por el momento, el plan piloto incluye a unos 30 jóvenes, pero en el futuro, quieren incluir a unos 1,500 jóvenes de todo el país.

Para eso también se ayudarán de la Cámara Salvadoreña de Tecnologías de la Información y la Comunicación (CasaTic), en la que están integrados unos 70 representantes de igual número de empresas de tecnología. Unas seis de ellas están estrechamente ligadas a este plan piloto y también se beneficiarían de las capacitaciones que los jóvenes reciban a través de los fondos otorgados por USAID.

 

 

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